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La Evolución de los Servicios Memoriales en Empresa Flores

Cuando Don José Antonio Flores (foto) fundó Empresa Flores, en la década del 30 del siglo pasado, nunca dimensionó por qué a este tipo de negocios se les llamaba “Empresas de Pompas Fúnebres”. Don Antonio - así lo llamaban cariñosamente quienes tuvieron la oportunidad de compartir su trato amable y generoso - muy pronto comenzó a confirmar la razón por la cual se les llamaba así e hizo de esto un verdadero emprendimiento.

Por aquel entonces los velatorios se realizaban en las casas de familia, donde se instalaban fastuosas “Capillas Ardientes” con importantes frentes de madera, las más grandes eran de tres cuerpos, con vitreauxs iluminados de imágenes religiosas y se las decoraba con cuatro maceteros con palmeras y flores, rodeando todo este increíble escenario se colgaban seis candeleros, uno de los cuales llevaba una araña con veinticuatro luces, todo el lugar donde se montaba se decoraba con alfombras muy lujosas.

Luego del Velatorio el servicio de “Carroza tiradas a Caballos” constituía la parte más importante de la Pompa Fúnebre y a la que Don Antonio le prestaba mayor dedicación.

Don Antonio solía concurrir todos los años a la Exposición Rural de Buenos Aires donde elegía y compraba los mejores caballos. Estos caballos, que eran muy especiales, eran entrenados por él y un caballerizo, quienes les enseñaban a caminar en forma de marcha. Para el cuidado y entrenamiento de los caballos se debía tener una cochera, que en el caso de Empresa Flores se encontraba ubicada en la calle Corrientes 1455. En el fondo de la misma existía un palenque donde a los caballos con pesadas argollas en sus manos y con un látigo se los hacía girar, de esta manera aprendían a marchar, completando esos aprendizajes con paseos tirando un antiguo sulqui.

La Empresa tenía treinta caballos, dedicándoles a los mismos una especial atención, se les cepillaba todos los días, se los bañaba, y alimentaba con alfalfa, maíz y avena. Cuando se enfermaban eran atendidos por un Dr. Veterinario que pertenecía al personal de la empresa, ya que su atención era permanente.

Esos caballos perfectamente adiestrados, cuando se detenían en las casas mortuorias o en el cementerio, marchaban levantando las manos en su lugar, esto constituía un verdadero espectáculo que la gente se detenía a mirar y representaba la parte más importante del homenaje que se rendía en la despedida.

Los cocheros que conducían estos inmensos carruajes y briosos caballos, debían ser expertos en esta tarea. En Tucumán no existía gente capacitada para la misma, motivo por el cual comúnmente se los seleccionaba de la Provincia de Buenos Aires o de Córdoba. Todo este personal debía ir perfectamente vestidos con su levita, galera y guantes. Estos manejaban las riendas de cuatro o seis caballos que tiraban a la carroza, en este último caso, una hombre llamado “Palafrenero”, llevaba caminando al lado de los caballos, la rienda de los dos primeros.

La preparación de un servicio llevaba también su tiempo. A los caballos se les ataban las crines y las colas en forma de trenzas, se los cepillaba, se les pintaban los vasos, los arneses debían estar perfectamente lustrados y las colas de las riendas que eran de tela blanca se les daba un baño de “albayalde”. Los familiares que acompañaban el cortejo iban en coches que se les llamaban “Berlinas”, estas tenían capacidad para cuatro personas. De acuerdo al tipo del servicio acompañaban a la Carroza Fúnebre entre tres y cuatro Berlinas. Este acompañamiento se completaba con la “Carroza para Flores”, que también iba tirada por cuatro o seis caballo de acuerdo con la carroza que llevaba el féretro.

Previo a todo esto existía la “Contratación del Servicio”. En aquella época los interesados gustaban ser atendidos por el dueño del negocio, existía un trato personal, y este estaba dispuesto todos los día del año y a cualquier hora. A diferencia de la modalidad actual, no existían las obras sociales ni la seguridad social, que cubren los gastos de estos acontecimientos. Los créditos se otorgaban basándose en confianza, generosidad y criterio del empresario.

La contratación de un servicio fúnebre no era ni lo es, una cosa sencilla, se mezclan la emoción, la variedad de decisiones que deben tomar los familiares y el aspecto comercial que conllevan estas contrataciones, motivo por el cual debía entonces ser realizada por los propios empresarios, quienes asumían la complejidad que encerraba esa aparente sencilla operación.

Ellos conocían lo humano de la misión y realizaban un trabajo cuya naturaleza es noble, porque para llevarlo a cabo se necesitaba abnegación y humanidad, debían interiorizarse y comprender el dolor ajeno como propio y aún más, compartirlo. Quizás entonces no se valoraba ese sacrificio que representa la dedicación al trabajo cotidiano, de todos los días, sin distingo de feriados sin horarios, sin tiempos.

Mucho tiempo después comienzan a producirse los primeros cambios fundamentales de esta actividad. Se incorporan las “primeras carrozas automotores” en Tucumán, en reemplazo de las carrozas a caballos, se organiza en forma diferente la contratación de los servicios, creándose los mandos intermedios que aprendieron de los propietarios y hoy pueden desarrollar esa tarea con igual compromiso y eficiencia. Se da un vuelco fundamental a los lugares donde se realizan los velatorios. Fiel a su filosofía empresaria Empresa Flores, fue la primera en el noroeste argentino en incorporar vehículos motorizados y en inaugurar Salas Velatorias, la cuales en la actualidad son una de las más importantes de Argentina.

Con el correr de los años se fueron agregando nuevos servicios y transformaciones en la ya septuagenaria empresa. Se ampliaron las Salas Velatoria de calle Junín y Pasaje Padilla, modernizándose el edificio a las exigencias del mercado actual y se inauguró una sucursal en calle Reconquista 606, de la Ciudad de Banda del Río Salí.

Con el afán de mantenerse en la vanguardia de la actividad se renovó totalmente la flota automotor incorporándose Carrozas, autos Mercedes Benz y Cehevrolet, y fue incorporándose más personal. Actualmente hay aproximadamente cincuenta personas trabajando y la flota automotriz está compuesta por dieciseis unidades.

Al igual que en los países más desarrollados del mundo se incorpora un nuevo servicio: “La Tanatopraxia”, siendo la primera empresa en Argentina que instaló un laboratorio dotado con los últimos adelantos en esta actividad para el desarrollo de esta práctica. El personal se profesionalizó con cursos de capacitación para los cuales se trajo profesores del exterior (EEUU y Guatemala) y se envió a nuestros tanatopractores a la Universidad de Salamanca en España para la realización de una carrera de seis meses.