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Reflexiones

El Duelo Infantil

El concepto de muerte es abstracto y complejo, de ahí que la forma de abordarlo y comprenderlo dependa de aspectos tales como la edad, la socio cultura, el nivel de desarrollo evolutivo, la educación, la religión, etc. Además de los aspectos emocionales que se encuentran involucrados, no sólo en los niños y adolescentes, sino en los propios adultos.

Los estudiosos de la conducta infantil, han manifestado que los niños por debajo de los tres años, aunque su expresión conductual del duelo no sea tan florida como en otras edades, sufren un impacto emocional ante la pérdida de un ser querido (sobre todo de la madre o del padre) verdaderamente grande, y sus repercusiones en la vida futura son impredecibles.

Generalmente un niño menor de 5 años de edad, aún no entiende los tres componentes fundamentales de la muerte que son:

• La muerte es irreversible, definitiva y permanente.
• Se caracteriza por la ausencia de las funciones vitales.
• La muerte es universal (todos debemos morir).

Es por ello que consideran a la muerte un estado temporal como el dormir o marcharse, esta creencia está reforzada por los personajes de dibujos animados que se “mueren” y “reviven” otra vez, además del pensamiento mágico característico de esta edad; también consideran que aún escuchamos o vemos a los difuntos o bien que como son ellos o sus padres nunca van a morir.

Se considera que alrededor de los 5-7 años se establece el concepto de muerte, aunque aún “rudimentario”.

Alrededor de los 9-10 años comienzan a pensar más como los adultos acerca de la muerte, pero todavía no pueden imaginarse que ellos o alguien que conozcan pueda morir.

La realidad de la muerte de un ser querido es difícil de aceptar no sólo para el niño sino para un adolescente y adulto. En los niños puede existir aún un pensamiento mágico y ego centrista que intente explicar la pérdida, por lo que en ocasiones el niño puede sentirse culpable y pensar que debido a algo que hizo o dijo, este ser querido murió.

Las ideas de muerte de un niño derivan de sus tradiciones familiares y sus experiencias previas con el tema. Los niños comienzan a preguntar sobre la muerte cuando ven a un insecto, roedor, o ave muertos, o cuando se les muere su mascota, es importante en este momento, responder todas sus dudas (dependiendo claro está de su edad), para que se forme en él una adecuada idea de la muerte.

Cuando muere uno de los padres, casi siempre es el progenitor sobreviviente el que informa a los hijos sobre la muerte, esto es obviamente un paso penoso y difícil. En algunos casos esta información se entrega en forma inmediata, pero en otras llega a postergarse por semanas e incluso meses. Muchos padres, en su afán de proteger a los niños de la impresión y del dolor por la pérdida afectiva, le informan al niño que el padre muerto se ha ido de viaje o que está en el hospital, lo que complica aún más la ya delicada situación familiar, y prolonga el proceso normal del duelo que el niño debe experimentar.

Por lo común se evita llevar a los niños al funeral o al entierro de un familiar, y si se los lleva no se les explica la razón de estar allí. Se debe tener en cuenta que los niños interpretan rápidamente los signos emocionales y sentimentales de los padres, y si éstos temen expresarse, los niños tienden a reprimir los suyos e incluso algunos llegan a negar la muerte del familiar.

Manifestaciones conductuales de los niños ante la muerte

A la conmoción y a la confusión que sufre el niño que ha perdido un ser querido, se le añade la falta de atención adecuada de otros familiares que lloran la misma pena y que no pueden asumir la responsabilidad de cuidarlo.

En términos generales, si la persona muerta era esencial para la estabilidad del mundo del niño, la ira es una reacción normal y esperada. Esta ira se puede manifestar en juegos violentos, pesadillas, irritabilidad, etc. A menudo el niño mostrará enojo hacia los miembros sobrevivientes de la familia.

La ansiedad es otra respuesta esperada en los niños, ésta se manifiesta por un gran temor a sufrir otra pérdida, esto lo hará especialmente sensible a toda separación de la figura que cumple con las funciones de maternidad, haciendo que busque consuelo en algún juguete viejo o manta. Algunos niños experimentan una regresión a etapas anteriores de desarrollo, lo que hace que actúen de manera más infantil, exigiendo comida, atención, cariño y hablan “como un bebé”.

Otra reacción que se presenta en los niños pequeños es creer que son la causa de lo sucedido, es decir se sienten culpables.

Consejos para los padres

El primer paso consiste en asumir la pérdida, en aprender a expresar sus sentimientos de manera adecuada, de tal forma que el duelo del padre sobreviviente tome un camino sano.

Una vez logrado lo anterior, se hace menos dura la tarea de explicarle a los hijos lo sucedido y se pueden incluir en el proceso de duelo.

Es sabido por todos que la muerte modifica todos los planes y esperanzas del futuro tanto para el padre sobreviviente como para los hijos, sin embargo se debe pensar que no es el fin, que la vida continúa y que el proceso de adaptación a la nueva situación es lento.

No se debe obligar a un niño asustado a ir a un velorio o entierro de un ser querido, sin embargo, el honrar o recordar a la persona de alguna manera, como por ejemplo, encender una velita, decir plegarias, preparar un álbum de fotos o contarle historias, puede ser de mucha ayuda.

Los padres deben estar conscientes de cuáles son las reacciones normales de los niños ante la muerte de un familiar, así como las señales que indican que el niño está teniendo dificultad al enfrentarse a la pena.

Una vez que el niño acepta la muerte, es normal que manifieste su tristeza de vez en cuando a través de un largo período de tiempo, a veces en momentos inesperados. Sus familiares deben pasar todo el tiempo posible con el niño y hacerle saber bien claro que tiene permiso para manifestar sus sentimientos libre y abiertamente.

En general todos los niños necesitan que se les participe del problema brindándoles información correcta y sencilla, que deberá ser acompañada de apoyo emocional, tal como seguridad y comprensión para afrontar la pérdida.

El duelo patológico

Los niños con problemas serios de pena y de pérdida pueden mostrar una o más de las siguientes señales, lo que lo convierte en un duelo patológico:

• Un período prolongado de depresión durante el cual el niño pierde interés en sus actividades y eventos diarios.
• Insomnio, pérdida del apetito o el miedo prolongado a estar solo.
• Regresión a una edad más temprana por un período extendido de tiempo.
• Imitación excesiva de la persona muerta.
• Manifestar frecuentemente su deseo de irse con la persona fallecida.
• Aislamiento de sus amiguitos, compañeros de clase y vecinos.
• Disminución acentuada en el rendimiento escolar o el negarse a ir a la escuela.

Estos síntomas de aviso pueden indicar que se necesita ayuda profesional.

Intervención terapéutica

Muchas de las dificultades que experimentan los niños luego de la pérdida de uno de los padres, dependerán de la conducta del padre sobreviviente con ellos. En estos casos está indicada una ayuda profesional, que incluya:

Terapia Cognitiva: consiste en aclarar mitos, fantasías, falsas creencias acerca de la muerte. Se trabaja con el pensamiento del sujeto.

Terapia Conductual: a través de técnicas de modificación conductual se tratan las alteraciones de la conducta infantil a que hubiere lugar.

Terapia Familiar: se centra en:
•Trabajar en la elaboración del duelo sano
• Aceptar las emociones que se vivencian en relación al padre muerto
• Manejo adecuado de la culpa
• Trabajar la idealización del padre muerto

¿Debe el niño participar en las celebraciones de duelo, despedida, funeral, etc. de sus seres queridos?

Los psicólogos se definen porque sea el niño quien decida. Si quiere ir, que vaya. Pero nunca debemos obligarlos a asistir.

Principios básicos para ayudar a niños en luto

Para la mayoría de los niños, el luto es una experiencia nueva. Y como pasa con toda nueva experiencia, lo desconocido puede resultar confuso y amedrentador. La mayor parte de los niños no saben qué esperar luego de la pérdida de un miembro de la familia o algún amigo. Es posible que los niños pequeños no comprendan qué realmente significa morir y puedan sentirse confundidos por las reacciones de los miembros de su familia.

Ya para cuando la mayoría de las personas llegan a la adultez, entienden mejor la muerte y el proceso de luto es más predecible. Los adultos ya han experimentado de primera mano sentimientos de coraje, confusión y tristeza, y han aprendido formas de manejarlas y sanar una pérdida. Los niños buscan respuestas y consuelo de los mayores que les rodean, sin embargo, a menudo nos sentimos impotentes para esta función. Si bien los adultos no tienen todas las respuestas, pueden ayudar a los niños a comprender mejor ese proceso del luto.

Esta guía trata algunos temas claves relacionados al complejo conjunto de reacciones en el niño como resultado de una muerte traumática. Aún cuando focaliza en la muerte traumática, esta información puede ser de ayuda a familias, trabajadores de casos, maestros y otros adultos que trabajen y vivan con algún niño que está experimentando el luto.

Esta sencilla guía intenta informar y ofrecer principios generales. Su intención no es ser totalmente abarcadora o excluir otras observaciones o enfoques en la ayuda a niños en luto.

Preguntas frecuentes

¿Debería hablar del evento traumático?

No temas hablar del evento traumático. Los niños no se benefician de "no pensar en ello" o "sacarlo de sus mentes". Si el niño percibe que sus cuidadores están alterados por la situación, no lo traerá a colación. A la larga, esto hace que el proceso de recuperación del niño sea aún más difícil. No traigas tú el tema, pero si el niño lo trae, no evites discutirlo.

Escucha al niño, contesta sus preguntas, ofrécele consuelo y apoyo. A menudo no tenemos explicaciones adecuadas para una muerte sin sentido o traumática. Está bien decirle que no sabes por qué paso una cosa así, y que tú también te sientes confundido y alterado por ello. A la larga, el escuchar y consolar al niño sin evadir o sobre reaccionar, tendrá unos efectos positivos críticos y de larga duración en la habilidad que éste desarrolle el niño para manejar la pérdida traumática.

¿Cómo debería hablar del suceso?

Utiliza un lenguaje y explicaciones apropiadas para la edad. El momento en que se hace y el lenguaje utilizado son importantes. En los momentos inmediatos después de la muerte, el niño no estará muy capacitado para procesar información compleja o abstracta. Según se aleja del incidente, podrá focalizar por más tiempo, digerir más y buscarle más sentido a lo que ha ocurrido. No te sorprendas si el niño actúa como si la persona amada no hubiese muerto o que habrá de regresar. A veces los niños pequeños se comportan como si no hubiesen "escuchado" nada de lo que dijiste. Se requieren muchos momentos de triste claridad para que la realidad de la pérdida penetre en los niños pequeños. Entre medio de esos momentos de dura realidad, los niños emplean una serie de técnicas para manejarse - algunas de las cuales podrían confundir o turbar a los adultos.

En este largo proceso el niño continúa "reexperimentando" la pérdida. En sus juegos, dibujos y palabras, el niño podría repetir, reactuar y revivir algunos de los elementos de la pérdida traumática. Los adultos sobrevivientes escucharán al pequeño hacer las mismas preguntas una y otra vez. Puede que les pidan que describan una y otra vez "lo que pasó". El niño puede desarrollar una preocupación empática profunda por otros que estén también experimentando una pérdida, incluyendo los personajes de las caricaturas animadas y los animales. "¿Dónde está la mamá de Mickey Mouse?". O al ver un pájaro muerto podría preguntar - "¿Quién cuidará a sus pajaritos bebés ahora?".

El niño experimentará y procesará el mismo material en formas diferentes en distintos momentos luego de que ocurriera la muerte. A la larga, la oportunidad de procesar y reprocesar muchas veces le facilitará un manejo saludable del suceso. Un niño específico podría estar reprocesándolo a través de todo su desarrollo. Aún años después de la muerte de la madre o un hermano, el niño podría revivir la pérdida y luchar por comprenderla desde su perspectiva de desarrollo actual.

Uno de los elementos más importantes de este proceso, es que los niños a diferentes edades tienen distintos estilos de adaptación y distintas habilidades para comprender conceptos abstractos como la muerte. Niños de distintas edades tienen muy diversas ideas sobre ésta. Los muy pequeñitos pueden no darse cuenta de cuán terminante es. Trata de no asociar el sueño con la muerte. Si ambas llegan a asociarse, no sería sorprendente que el niño tuviera miedo de dormir; o le diera miedo que sus seres amados se duerman. Trata de obtener algún entendimiento de lo que el niño piensa que es la muerte - tiene una visión de la otra vida, existen algunos miedos específicos de la muerte, y así por el estilo. Mientras más entiendas el concepto que tiene el niño de la muerte, más fácil se te hará comunicarte con él en una forma significativa.

¿Debería hablar a otros del suceso traumático?

Sí. Informa a los adultos y niños en la vida del pequeño, de lo que ha ocurrido. Permite que los maestros, los padres de los amigos del niño y, de ser apropiado, sus compañeros, conozcan algo del dolor que éste está viviendo. A veces esto hace que las personas en su vida le ofrezcan un poco de tolerancia, comprensión o nutrimento que le suavice el camino. Muchas veces la gente puede ser intolerante o insensible al tratar con el dolor de un niño en luto "¿No es ya tiempo de que lo sobrepase?" Cuando observes algo así, no seas tímido en llamar a la persona aparte y educarlo al respecto.

¿Cuál es la diferencia entre luto y duelo?

Luto es la etiqueta que se le ha puesto al conjunto de reacciones emocionales, cognoscitivas, conductuales y físicas que se observan luego de la muerte de un ser querido. Las respuestas normales al luto incluyen negación, adormecimiento emocional, coraje, rabia, ataques de ansiedad (punzadas), tristeza, miedo, confusión, dificultad para dormir, regresión en los niños, malestar de estómago, pérdida del apetito, materializaciones histéricas (percepciones visuales o auditivas pasajeras de haber visto o escuchado a la persona querida) y otros muchos síntomas potenciales. Estos síntomas son similares a los que a menudo se observan en los periodos post-traumáticos agudos.

El duelo es el proceso formal de responder a la muerte. Esto incluye los servicios fúnebres, funeral, velorio, vestirse de luto, y cosas por el estilo. Estos actos semi ritualistas son muy útiles para organizar y focalizar la reacción de luto en el periodo inmediato después de la muerte. Es importante permitir que los niños participen de los elementos de este proceso. Uno de los elementos sanadores más importantes del duelo es que resulta ser un modo en que la persona puede "tener control" sobre la forma en que experimenta el trauma. En lugar de sentarse solo, con una serie de recuerdos intrusivos relacionados a la muerte, uno puede, en forma controlada, recordar a la persona perdida sin enfocar el suceso de muerte. El grado de control que se tenga al manejar un evento traumático es muy importante al determinar cuán destructivo éste llegará a ser con el tiempo.

¿Cuánto tiempo debería durar el luto?

El luto es normal, las reacciones persistentes de luto no lo son. Así como una reacción persistente al trauma puede significar grandes problemas, lo mismo ocurre con las reacciones de luto persistentes. Si los síntomas que describimos arriba duran por más de seis meses, o si éstos interfieren con cualquier aspecto del funcionamiento, es necesario hacerles frente. Si el niño está en terapia, comunícaselo al terapista. Averigua si su desempeño escolar se ha afectado. Observa cualquier cambio que ocurra en sus patrones de juego o pérdida de interés en otras actividades. Observa. Sé paciente. Sé tolerante. Simpatiza con él. Estos niños han sido heridos y viven en continuo dolor.

¿Debería yo preocuparme cuando un niño me dice que escucha la voz de su padre
muerto?

Espera que ocurran experiencias "sensoriales" fuera de lo común. Los niños (y adultos) a menudo experimentan sensaciones visuales, auditivas y sensoriales fuera de lo común, aún más de seis meses después de ocurrida la pérdida. El niño puede pensar que escuchó la voz de la persona - o que la vio entre la multitud - o que de reojo le pareció ver su imagen reflejada en la ventana. Estas percepciones son más comunes a la hora de levantarse o acostarse. Las mismas pueden resultar perturbadoras tanto para los padres, cuidadores como para el niño. Tranquiliza al niño. A menudo estas "visiones" se interpretan dentro del contexto de unas creencias religiosas - "vuelven a decirme que todo está bien - todavía están conmigo". Esto puede ser muy importante para el niño y no hay razón alguna para socavar estos sentimientos. Estas "materializaciones histéricas" son comunes y a menudo mal llamadas "alucinaciones" visuales o auditivas. Si tienes alguna pregunta sobre estos síntomas, contacta a algún profesional de la salud mental de experiencia o a un médico.

¿Entienden los niños estos sucesos con exactitud?

Con frecuencia, los niños pequeños hacen unas presunciones equivocadas respecto a la causa de eventos importantes. Desgraciadamente estas presunciones pueden incluir algún sentido de que el suceso--la muerte de un ser querido inclusive-- fue su culpa. Los adultos a menudo asumen que la causalidad está clara -- murió en un accidente de auto, recibió un disparo, murió en un fuego-- El niño fácilmente puede distorsionar el suceso y llegar a conclusiones equivocadas de su causa. Mi mamá murió en un accidente de auto porque venía a recogerme a la escuela. La persona que le disparó a mi hermano me estaba apuntando a mí y le pegó a mi hermano pues él estaba en mi cuarto. El fuego fue la forma en que Dios castigó (o martirizó) a mi familia. En muchas de sus explicaciones distorsionadas, los niños asumen cierto grado de responsabilidad por la muerte. Esto puede llevarlos a tener sentimientos de culpa sumamente destructivos e inapropiados.

Sé claro. Explora lo que el niño siente sobre la causa del suceso. Corrige y aclara si notas que está llevando algún razonamiento equivocado. Con el tiempo, la habilidad del niño para hacerle frente a estas situaciones se asocia a su habilidad para entender. Aún cuando hay ciertos elementos de la muerte y la tragedia que parecieran estar fuera de toda comprensión, así mismo se le puede explicar al niño - hay algunas cosas que no entendemos. No dejes que el niño desarrolle el sentido de que hay algo secreto en este asunto- esto podría resultar muy destructivo. Permite al niño saber que hay cosas que los adultos tampoco saben ni pueden entender.

¿Cómo puedo ayudar?

Sé sincero, abierto y claro

Ofrece a los niños los hechos relacionados a la muerte. Aún cuando no hay necesidad de describirlos con lujo de detalle, es importante que se le ofrezcan algunos detalles. A veces éstos serán horribles, pero es necesario que el niño reciba información correcta de los hechos. De no ofrecérselos, su imaginación los suplirá. Muy a menudo estos detalles imaginarios son distorsionados, poco precisos, aún más horribles que los detalles de la realidad misma y pueden interferir con el proceso de sanación a largo plazo.

No evites hablar del tema cuando el niño lo traiga.

Al igual que con otros traumas, los mayores que rodean al niño tienen que estar disponibles cuando éste desee hablar, pero a la vez deberán abstenerse de escudriñarle si el niño no desea hacerlo. Esto puede querer decir contestar alguna pregunta -- puede querer decir luchar con una pregunta muy difícil. "¿Duele cuando uno muere quemado?" No te sorprendas si en medio de tu lucha por encontrar la respuesta correcta, el niño se va a jugar y se muestra desinteresado. En ese momento no ha podido tolerar el nivel de intensidad emocional y está tratando de manejarlo evadiéndolo.

Los niños pueden percibir si el tema es emocionalmente difícil para los adultos que le rodean. Es posible que entonces trate de agradarlos--ya bien evitando los tópicos emocionales o insistiendo en otros que sientan son más agradables para los adultos. Trata de medir tu propio sentido de incomodidad y háblalo directamente con el niño. Para él resultará reconfortante saber que no está solo en su malestar emocional.

Los niños miran hacia los adultos para comprender e interpretar sus propios estados internos. Los más pequeñitos aún pueden reflejar la naturaleza e intensidad de las emociones de los mayores. Así que si sientes que no estás capacitado para controlar tus emociones cuando está tratando de ayudar a un niño, necesitarás utilizar contigo mismo algunas técnicas para manejarlo. Toma unos momentos para ti, serénate y luego trata de ayudar al niño. Es simplemente humano perder el control y tornarse sumamente emocional en momentos como éstos. No es malo si, cuando te sientas más sereno, puedas ayudar al niño a comprender cómo fuiste abrumado por la emoción (tal como le pasa a ellos algunas veces) y cómo tú también estás tratando de comprender. "Tenemos que ayudarnos unos a otros cuando estamos tristes".

Prepárate a discutir los mismos detalles una y otra vez.

Espera oír al niño decir cosas que tal parecería no te "escuchó" cuando se lo dijiste la primera vez. Las poderosas y pervasivas implicaciones de la muerte para un niño pueden ser abrumadoras -- un evento traumático. Las respuestas del niño a la muerte de uno de sus padres, de un hermano u otro ser querido, podrán ser similares a sus respuestas en cualquier otro evento traumático. Esto puede incluir adormecimiento emocional, evasión, tristeza, regresión, episodios de manifestación de coraje, frustración, miedo de lo desconocido (el futuro), impotencia y confusión.

El niño tendrá recuerdos recurrentes, intrusivos y que despierten sus emociones, de la persona amada o de su muerte. Si no tiene una imagen clara de cómo ocurrió la muerte, imaginará una diversidad de escenarios. Estas imágenes se repetirán una y otra vez. Cuando lo hagan, el niño (si él o ella se siente a salvo y apoyado por los mayores que le rodean) volverá a preguntar sobre la muerte, cosas específicas de ésta y de su ser querido. Con paciencia, repítele los datos claros y verdaderos. Si hay algo que no sabes - si también tú te has preguntado sobre la naturaleza de la muerte o algún detalle de esta pérdida en específico-- compártelo con el niño. Ayúdale a explorar posibles explicaciones, permítele entender que tanto tú como otros adultos pueden y muy a menudo tienen, que vivir con muchas incógnitas. Sin embargo, déjale saber que en este proceso que hay cosas que sí sabemos- cosas que sí entendemos. Trae a la conversación memorias, recuerdos e imágenes positivas de la persona amada.

Está disponible para el niño, se nutriente, reconfortante y predecible.

Haz lo mejor que puedas para estar disponible, ser cariñoso, brindar apoyo y ser predecible. Todo esto le facilitará el trabajo al niño. Se sentirán más seguros y cuidados. La pérdida de uno de sus padres, algún hermano u otro ser querido es un suceso extremadamente traumático que cambiará para siempre la vida del niño. El niño tiene ante sí, en cierto sentido, la tarea para su vida entera de trabajar y volver a trabajar-- experimentar y volver a experimentar la pérdida de estos seres amados. Cada festividad-- cada ocasión "familiar"-- revivirá en el niño la pérdida, la muerte y el fantasma de su ser amado. La presencia de cuidadores, maestros, terapistas y trabajadores de casos, que estén disponibles, sean nutrientes y cariñosos, ayudará a que esta travesía sea más fácil.

Entiende que los niños sobrevivientes, a menudo se sienten culpables.

Un niño que sobrevive cuando miembros de su familia han muerto, puede a menudo sentirse culpable. Esta es una creencia que podría resultarle sumamente destructiva y pervasiva. El grado de culpa que el niño pueda sentir, frecuentemente está asociado con el nivel en que desarrollan y mantienen unas presunciones equivocadas del suceso. Uno de los principios más importantes en este proceso es que los niños no saben cómo verbalizar o expresar su sentido de culpa del mismo modo que lo hace los adultos. El sentido de culpa, como lo expresan los niños, puede más bien observarse en conductas y emociones relacionadas al odio de si mismos y la auto-destrucción. Es muy posible que el niño no pueda poner en palabras que su sentido de culpa por haber sobrevivido esté íntimamente relacionado a su sentido de minusvalía, o sus conductas destructivas o de auto-maltrato.

Niños que sobreviven la muerte súbita de alguno de sus padres sufrirán un profundo sentido de culpa por el hecho de haber sobrevivido. Hubo algo malo en mí. Yo pude haber estado allí-- Yo debí haber estado allí. Estos pensamientos recurrirán en un sinnúmero de formas; y la mayor parte de las veces el resultado de estos serán pensamientos de culpa. Si los cuidadores, terapistas y maestros de estos niños pueden minimizar estas ideas potencialmente destructivas y en aumento, se facilitará su recuperación.

Aprovecha otros recursos

Existen muchos otros profesionales bien adiestrados que están dispuestos a ayudar, a ti y al niño, en tu trabajo con estos problemas. Aprovéchalos. Si el niño está recibiendo terapia, habla con su terapista, estamos siempre interesados en ayudar a los niños. Siempre recuerda que esto no desaparece- la forma en que el niño lo experimenta cambia, evoluciona y madura. La pérdida de uno de sus padres, un hermano o par, siempre estará con ellos. Ayúdalos, con el tiempo con tu amor y comprensión, a desarrollar un sentido maduro de esta pérdida.

Sugerencias para la familia o el cuidador primario

A modo de recetario médico, las siguientes son una serie de sugerencias o indicaciones de tareas para realizar en el domicilio con el niño/a; siga las indicaciones del profesional y realice las actividades señaladas con una "x" durante el tiempo que éste así se lo indique; considere actividades nuevas y anótelas en "otras".

• Leer sobre el duelo en los niños
• Legitimizar sus sentimientos
• Animarle a expresar sus emociones y sentimientos en compañía de un familiar
• Leerle cuentos o historietas
• Llevarle al médico o al psicólogo
• Hablarle sobre la muerte utilizando elementos de la naturaleza
• Abrazar continuamente al niño
•Animarle a realizar alguna actividad física
• Animarle a que no se esconda para llorar
• Caminar con el niño
• Hablar con el niño del ser querido que falleció
• Hacer juntos un álbum, una cartelera o una caja de recuerdos
• Visitar el cementerio con el niño si él lo desea
• Hablar con el niño de sus temores y angustias
• Animarle a dibujar o pintar siempre y libremente lo que él siente
• Estimularle a elaborar un homenaje personalizado
• Animarle a escribir una carta, un poema, una caricatura o un cuento
• Animarle a escribir un diario
• Terapia del Rasgado de Papel
• Terapia del Rayado de Papel
• Jugar y estar siempre ahí, con el niño
• Terapia del Inflado y Estallido de Bombas (Globos de helio)
• Músico terapia
• Comprarle un cuento sobre la muerte
• Salir de compras
• Salir de paseo al campo o a un parque
• Terapia de Gritos
• Matricularle en un curso de lúdica
• Matricularle en un curso/escuela deportiva
• Trabajar con arcilla, plastilina o masa
• Montar una Sesión de Títeres
• Darle un masaje
• Ir a la piscina
• Sembrar un árbol
• Escribir una biografía
• Elevar un globo de helio (con un mensaje colgado de una cuerda) o una cometa
• Otras