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Reflexiones

Entendiendo el dolor

Al momento de la muerte, nuestros pensamientos y sentimientos pueden agobiarnos. El primer paso para lograr una sensación de control es entender el proceso del dolor. El dolor es una reacción física, social, emocional, psicológica y espiritual ante la pérdida. Es natural, normal y necesaria.

Cuando estás sufriendo, puedes sentirte cansado, incapaz de dormir, o por el contrario quieres dormir todo el tiempo. El dolor también puede alterar tu apetito. Puedes sentirte hambriento o puedes no desear comer absolutamente nada. El sufrimiento puede causar ansiedad. Puedes sentir como si tu corazón estuviera corriendo una maratón y no pudieras “mantener tu respiración”. Sientes que no quieres hacer nada o también puedes sentirte vacío y hueco por dentro. Es bastante difícil tratar de concentrarte o de recordar cosas. El dolor puede hacerte sentir desvalido, enojado y atemorizado.

Todos sufrimos de diferentes maneras. Nuestras personalidades, experiencias, creencias religiosas, las circunstancias de la muerte y nuestra relación con la persona que murió influyen sobre nuestras reacciones ante el sufrimiento. No hay una manera correcta o incorrecta de sufrir!

Si alguien muere después de una larga enfermedad, puede haber un momentáneo sentimiento de alivio de que el sufrimiento haya terminado, pero la realidad lo mismo nos golpea. Si una muerte es repentina e inesperada, nos sentimos shockeados y puede aparecer un sentimiento de abatimiento. Si muere una persona joven surge un sentimiento de que las cosas están fuera de lugar, y uno puede sentirse estafado al darse cuenta de que la vida no es como uno esperaba que fuera.

¿Qué puedes hacer?

Reconoce y expresa tus sentimientos

La tristeza, el enojo, el miedo y la culpa son emociones comunes en el sufrimiento. No tengas miedo de la intensidad de tus emociones. Los cambios de humor son normales y es posible experimentar muchas y diferentes emociones al mismo tiempo. Habrá muchas veces en que no sentirás nada y otras veces en que te sentirás consumido por la ira. El sufrimiento puede ser tan confuso como el dolor. La culpa puede ser una de las emociones más difíciles de manejar y puede durar mucho tiempo. El culparse a uno mismo y la duda se agregan al dolor y puede hacerse difícil de compartir con los demás. Hablar de tus sentimientos o escribir un diario pueden ayudarte a ganar en perspectiva y comprensión.

Cuida de ti

Ten compasión de ti mismo y cuídate. Asegúrate de comer adecuadamente, descansa lo suficiente y haz ejercicios. El sufrimiento causa un estrés tremendo en tu cuerpo y puede vencer al sistema inmune más fuerte. Puedes descubrir que te resfrías más a menudo, tener dolores de cabeza o dolores musculares. Así que cuidarte, aún cuando sientas que no lo necesitas, es lo más importante ahora.
Se paciente

El sufrimiento toma su tiempo. Aún cuando la mayoría espere que hayas “superado” esta etapa en pocas semanas, puede durar más de lo que uno espera. Realmente nunca logras “superarlo” totalmente, pero aprendes a vivir con ello. Ahora esta pérdida es una parte de tu vida, pero no siempre se sentirá en la forma en que se siente ahora. Escúchate a ti mismo y sigue tu propio ritmo.

No te sorprendas si el dolor aparece una y otra vez. Justo cuando sientes que ya lo “superaste”, te das cuenta que estás llorando mientras haces las compras o mientras esperas en una fila. El enojo puede atacarte en cualquier parte lo mismo que la culpa. Perdónate a ti mismo por estar viviendo cuando la persona a la que tú amabas ya no lo hace.

Encuéntrate a ti mismo

El dolor ha cambiado tu vida completamente. Ya no puedes volver el tiempo atrás hacia el que tú eras, pero puedes aprender a vivir con el que eres ahora. La mayoría de las personas desoladas experimentan un cambio de perspectivas y descubren que sus prioridades cambiaron. Este es el momento de hacer un inventario personal y de reafirmar tus creencias y valores. Averigua que es lo más importante para ti y hazlo. Descubrirás nuevos poderes y valores que no sabías que tenías.

Crea nuevas rutinas y rituales

Porque todo en tu vida ha cambiado, es importante desarrollar nuevas rutinas y patrones que reflejen la nueva persona que eres. Admite esa silla vacía y muévela de lugar. Cambia de lugar los muebles y crea un espacio solo para ti. Trata de ejercitarte a la misma hora cada día. Lleva un diario de entradas para cada día. Estos patrones diarios te ayudarán a desarrollar tu nueva identidad.

Encuentra una forma de recordar la VIDA de la persona amada a cada momento. No tienes que decir adiós, pero es importante reconocer el cambio que sufrió su relación. Aún cuando no puedas cocinarle una comida especial para la persona que amabas, todavía puedes compartir una charla en tu corazón. Deja el álbum de recortes o el álbum de fotos sobre la mesa del café así los demás también podrán recordar. Frecuentemente comparte tus historias y recuerdos. La persona que amabas MURIO, pero tú no perdiste el amor que compartían. No dejamos de amar a alguien solamente porque ese alguien murió.

Acércate a los demás

Con la información adquirimos una sensación de control. Los libros, los folletos, los videos y la gente pueden ayudarte a aprender sobre el dolor y que esperar de ti mismo y de aquellos que se encuentran cerca de ti. Averigua a donde puedes dirigirte por ayuda y acércate a los demás. Busca gente en la que puedas confiar y a quien quiera escucharte cuando tengas ganas de hablar.

También puedes dirigirte hacia otros que están sufriendo. También puedes elegir unirte a un grupo de apoyo. Muchos grupos están listados en la guía por tema. Los nombres y números de muchos grupos locales están disponibles en iglesias, diarios, hospitales, sanatorios y agencias de servicio social, la Cámara de Comercio o puedes recurrir a tu director de funeral. Puedes aprender y crecer en sus experiencias comunes pero diferentes porque el dolor compartido es un dolor que disminuye.

Reconociendo y viviendo el dolor es la forma en que puedes sacar hacia fuera la energía y la fortaleza necesarias que le permitan a la esperanza regresar.