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Hablando con los niños sobre la muerte

Cómo ayudar a tu hijo a hacer frente a la pérdida.

Si usted está intranquilo acerca de hablar sobre la muerte con sus hijos, no se preocupe porque no está solo. Muchos de nosotros dudamos al hablar sobre la muerte, particularmente con la gente joven. Pero la muerte es un hecho de la vida al cual nadie puede escapar. Debemos enfrentarnos con eso y los mismos deben hacer nuestros hijos; si vamos a ayudarlos debemos hacerles saber que está bien hablar sobre la muerte.

Conversando con nuestros hijos acerca de la muerte podemos descubrir que es lo que saben y que es lo que no saben - si tienen un concepto erróneo, temores o preocupaciones. Entonces nosotros podemos ayudarlos brindándoles la información necesaria, consuelo y comprensión. Hablando no se resuelven todos los problemas, pero sino hablar estamos más limitados en nuestra capacidad de ayudar.

Lo que decimos a nuestros hijos acerca de la muerte, o cuando lo decimos, dependerá de sus edades y de sus experiencias. También dependerá de nuestras propias experiencias, creencias, sentimientos y la situación en la cual nos encontramos nosotros, por que cada situación que enfrentamos es de alguna manera diferente. Algunas discusiones sobre la muerte deben ser estimuladas por reportajes en los diarios o por un programa de televisión, y deben tener lugar en una atmósfera libre de emociones; otras charlas pueden ser el resultado de una crisis familiar y pueden estar cargadas de emociones.

Los chicos están enterados

Hace poco nos dimos cuenta, los niños están enterados de la muerte. Ellos ven pájaros muertos, insectos y animales tirados a los lados de las rutas. También pueden ver la muerte al menos una vez al día en la televisión. Ellos escuchan sobre la muerte en los cuentos de hadas y a veces actúan en las obras teatrales de estos cuentos. La muerte es una parte de la vida de todos los días, y los niños, a un determinado nivel, están enterados de esto.

Si les permitimos a los niños charlar con nosotros sobre la muerte podemos darles la información que necesitan, prepararlos para una crisis y ayudarlos cuando están turbados. Podemos fomentar su comunicación mostrándoles interés en so y respeto por lo que ellos tengan que decir. También podemos hacerlo más fácil para ellos si quieren charlar sobre el tema y somos, honestos y nos sentimos cómodos con nuestros propios sentimientos – algo que a veces es fácil de decir pero no de hacer. Posiblemente podamos hacerlo más fácil para nosotros y para nuestros hijos si le dirigimos una mirada más profunda a algunos de los problemas que pueden hacer difícil la comunicación.

Barreras en la Comunicación

Muchos de nosotros nos sentimos inclinados a no hablar sobre aquellas cosas que nos inquietan. Tratamos de poner una barrera sobre nuestros sentimientos y esperamos que el no decir nada será lo mejor. Pero el no hablar de algo no significa que no nos estemos comunicando. Los niños son grandes observadores. Ellos leen mensajes en nuestras caras y en la forma en que caminamos o como nos restregamos las manos. Nos manifestamos a nosotros mismos por lo que hacemos, por lo que decimos y por lo que no decimos.

Cuando evitamos hablar sobre algo que es obviamente molesto, los chicos a menudo dudan en sacar a colación el tema o a hablar sobre el mismo. Para un niño, la evasión puede ser un mensaje – “Si Mamá y Papá no pueden hablar sobre ello, entonces debe ser realmente algo malo, o sea que lo mejor es que yo no pregunte sobre eso”. En efecto, en lugar de proteger a nuestros hijos evitando una charla, muchas veces podemos causarles más preocupaciones y también provocamos que ellos se guarden lo que sienten.

Por otro lado, tampoco es aconsejable enfrentar a los niños con información que probablemente ellos todavía no entiendan o no quieran saber. Como con cualquier tema delicado, debemos encontrar un delicado balance que les permita a los niños comunicarse – un balance que se ubica en algún lugar entre la evasión y la confrontación, un balance que no es fácil de alcanzar. Incluye:

• Tratar de ser sensible a sus deseos de comunicación cuando ellos estén listos.
• Tratar de poner barreras que puedan inhibir sus intentos de comunicación.
• brindarles explicaciones honestas aún cuando estamos obviamente preocupados.
• escucharlos y aceptar sus sentimientos.
• no descartar sus preguntas diciéndoles que son muy jóvenes.
• Tratar de encontrar respuestas cortas y concretas que sean adecuadas a sus preguntas; respuestas que ellos puedan entender y que no los abrumen con demasiadas palabras.

Probablemente la mayor dificultad de todas involucra:
• Examinar nuestros sentimientos y creencias para que así podamos hablar con ellos tan naturalmente como sea posible cuando se presente la oportunidad.

Cuando no se tienen todas las respuestas

Cuando hablamos con niños, muchos de nosotros nos sentimos incómodos si no tenemos todas las respuestas. Los niños más chicos, en particular, pareciera que esperan que los padres sepan de todo, incluso sobre la muerte. Pero la muerte, la certeza más grande de todas en la vida, es la incertidumbre más grande de la vida. Aceptar la muerte puede ser un proceso que dure toda la vida. Podemos encontrar diferentes respuestas en diferentes momentos de nuestras vidas, o podemos sentir siempre una gran sensación de incertidumbre o temor. Si tenemos temores sin resolver y preguntas sin responder, nos podemos preguntar de qué manera vamos a brindarles respuestas consoladoras a nuestros hijos.

Mientras que no todas nuestras respuestas pueden ser confortantes, si podemos compartir nuestras creencias. Cuando tengamos dudas, un honesto, “Yo no conozco la respuesta a eso”, va a ser más reconfortante que una explicación que ni nosotros mismos creemos. Los niños generalmente presienten nuestras dudas. Las mentiras blancas, no importa que buenas intenciones tengamos, pueden provocar inquietud y desconfianza. Además, más tarde o temprano, nuestros hijos van a aprender que nosotros no tenemos todas las respuestas, y quizás nosotros podemos hacer ese descubrimiento más fácil para ellos si tranquilamente y de una manera realista les decimos que no siempre tenemos todas las respuestas. Nuestra actitud de aceptación y de no estar a la defensiva puede ayudarlos a sentirse mejor acerca de que ellos tampoco no lo saben todo.

Venciendo los tabúes

La muerte es un tema tabú, e incluso aquellas personas que tienen fuertes creencias evitan hablar acerca de eso. Hace tiempo la muerte era parte de la vida familiar. La gente moría en sus casas, rodeados de sus seres queridos. Los adultos y los niños experimentaban juntos la muerte, sufrían juntos y se confortaban unos a otros.

Hoy, la muerte es más solitaria. La mayoría de la gente muere en los hospitales y casas de descanso donde reciben los intensivos cuidados médicos que necesitan. Sus seres queridos tienen menos oportunidades de estar con ellos y a menudo sienten el no poder compartir sus últimos momentos de vida. Los vivos pueden llegar a sentirse aislados de los muertos; como consecuencia, a la muerte se le ha agregado un toque de misterio y, para algunos, se le han agregado ciertos temores.

Mucha gente está comenzando a reconocer que el tratar a la muerte como un tabú no le hace ningún bien, ni a la persona viva ni a la persona muerta, agregándose a la soledad, la ansiedad y el estrés para todos. Los esfuerzos están dirigidos a aumentar el cono cimiento y la comunicación sobre la muerte como una forma de superar el tabú. Los científicos están estudiando a los muertos para ayudar a los vivos a en tender mejor como los individuos que están por morir experimentan sus muertes próximas.

Las percepciones de los niños también han sido estudiadas para un mejor entendimiento de lo que ellos piensan acerca de la muerte. Los investigadores han encontrado dos factores que parecen influir sobre la concepción que los niños tienen sobre la muerte – según su grado de desarrollo y sus experiencias (su medio ambiente, sus orígenes étnicos, religiosos y culturales y su forma personal de ver las cosas).

Etapas del desarrollo

Los estudios muestran que los niños pasan por una serie de etapas diferentes en su entendimiento sobre la muerte. Por ejemplo, los niños que van al jardín de infantes ven a la muerte como algo reversible, temporal e impersonal. Cuando ven en la televisión dibujos animados que vuelven a levantarse enteros después de haber sido atropellados o cortados en pedazos, tiende a reforzar esta idea.

Entre las edades de 5 a 9 años los niños comienzan a darse cuenta de que la muerte es final y que todas las cosas vivientes mueren, pero aún no ven a la muerte como algo personal. Ellos abrigan la idea de que de alguna manera ellos pueden escapar de la muerte a través de su propia ingenuidad y esfuerzos. Durante esta etapa los niños tienden a personificar a la muerte. Pueden a asociar a la muerte con un esqueleto o con el ángel de la muerte, y algunos niños tienen pesadillas sobre ellos.

De los 9 o 10 años hasta la adolescencia, los chicos empiezan a entender totalmente que la muerte es irreversible, que todas las cosas vivientes mueren y que ellos también morirán algún día. Algunos comenzarán a investigar sobre puntos de vista filosóficos acerca de la vida y de la muerte. Los adolescentes, especialmente, a menudo se sienten atraídos por la búsqueda de los significados de la vida. Algunos jóvenes reaccionan a su miedo por la muerte corriendo riesgos innecesarios con sus vidas. Enfrentándose a la muerte tratan de superar sus temores confirmando su “control” sobre la mortalidad.

La experiencia individual

Mientras que puede ayudar el saber que los niños están pasando por una serie de etapas en la forma en que ellos perciben la muerte, es importante recordar que, como en todos los procesos de crecimiento, los niños se desarrollan de maneras individuales. Es igualmente importante mantener en mente que todos los niños experimentan la vida de una forma única y tienen su propia forma personal de expresar y manejar sus sentimientos. Algunos niños hacen preguntas sobre la muerte a edades tan tempranas como los 3 años. Otros aparentemente demuestran indiferencia acerca de la muerte de un abuelo pero pueden reaccionar mal ante la muerte de una mascota. Algunos puede que nunca mencionen la muerte pero sacan sus fantasías en sus juegos; pueden hacer de cuenta que un juguete o una mascota se están muriendo y así pueden expresar sus sentimientos y pensamientos en sus juegos fingidos, o pueden jugar “juegos mortales” con sus amigos, muriendo por turnos o realizando elaborados funerales.

No importa como los niños se enfrentan con la muerte o expresan sus sentimientos, ellos necesitan respuestas compasivas y no juzgadoras por parte de los adultos. Escuchar y mirar cuidadosamente son formas importantes de aprender como responder apropiadamente a las necesidades de los niños.

El desafío de hablar con un niño pequeño

Hablar con niños en edad preescolar o de los primeros grados sobre cualquier tema puede llegar a ser desafiante. Ellos necesitan explicaciones simples y concretas. Las lecturas largas o las respuestas complicadas a sus preguntas probablemente los aburran y los confundan, por lo tanto deben ser evitadas. Usar ejemplos concretos y familiares puede ayudar. Por ejemplo, el Dr. Earl A. Grollman sugiere en su libro, Explicando la muerte a los niños, que la muerte puede llegar a ser más comprensible explicándola en términos de la ausencia de las funciones normales de la vida - cuando la gente muere no respira, come, habla, piensa o siente nada más; cuando los perros mueren no ladran ni corren más; las flores muertas no crecen ni florecen más.

Un niño puede hacer preguntas inmediatamente o puede reaccionar con un silencio pensativo y recién más tarde animarse a hacer preguntas. Cada pregunta merece una respuesta simple y relevante. Comprobar si el niño entendió lo que se le dijo es algo difícil; lo niños algunas veces confunden lo que escucharon. Además los niños aprenden por repetición, por la tanto necesitan que se les responda una y otra vez lo mismo. A medida que el tiempo pasa y los niños adquieren nuevas experiencias van a necesitar compartir y clarificar más sus ideas y sentimientos.

A un niño puede llevarle tiempo entender completamente las ramificaciones de la muerte y sus implicaciones emocionales. Un niño que sabe que el tío Pedro ha muerto todavía puede preguntar porque llora la tía Silvia. El niño necesita una respuesta. “La tía Silvia está llorando porque está triste por la muerte del tío Pedro. Ella lo extraña mucho. Todos nos sentimos muy tristes cuando muere alguien a quien queremos”.

También hay veces en que tenemos dificultad para “escuchar” lo que los chicos nos preguntan. Una pregunta que a un adulto puede parecerle sumamente insensible, para un niño puede ser un pedido de afirmación. Por ejemplo, a preguntas tales como, “¿Cuando te vas a morir?”, necesitan ser escuchadas con la suficiente comprensión ya que el niño percibe a la muerte como algo temporal. Como la finalidad de la muerte no está totalmente entendida, un niño puede interpretar que la muerte significa separación, y la separación de los padres y la pérdida de cuidados implicada son atemorizantes. Hacerse cargo de este tema es un asunto real y práctico, y un niño necesita ser tranquilizado. Posiblemente la mejor forma de responder a tal pregunta sea preguntándole a su vez, de una manera clara: “¿Te preocupa que yo no vaya a estar aquí para cuidarte?”. Si este es el caso, la respuesta más apropiada y tranquilizadora sería algo como “Espero no morirme por un largo tiempo. Espero estar aquí para cuidarte durante tanto tiempo como me necesites, pero si Papá y Mamá mueren, habrá mucho gente que quiera cuidarte. Están tu tía o tu tío o la abuela”.

Otros problemas pueden aparecer a causa de un concepto erróneo que tienen de la muerte. El Dr. R. Fulton, el el libro del Dr. Grollman, puntualiza que algunos niños confunden la muerte con dormir, especialmente si escucharon a los adultos referirse a los muchos eufemismos de dormir – “descanso eterno”, “descanse en paz”.

Como un resultado de la confusión, un niño puede tener miedo de irse a la cama o de dormir la siesta. La abuela se fue “a dormir” y todavía no se despertó. Tal vez yo tampoco me despierte más tarde.

Asimismo, si a un niño se le dijo que alguien que murió “se fue”, una separación corta puede preocuparlos. La abuela se fue y todavía no volvió. Tal vez Mamá tampoco vuelva del supermercado o del cine o del trabajo. Por lo tanto, es importante evitar palabras tales como “dormir”, “descansar”, “irse”, cuando se hable con los niños sobre la muerte.

Decirles a los niños que una enfermedad fue la causa de la muerte también puede causar problemas si la verdad no es suavizada. Los niños en edad preescolar no pueden diferenciar entre una enfermedad temporal y una fatal, y cualquier dolencia menor pueden causarle una preocupación innecesaria. Cuando hablamos con un niño de alguien que murió a causa de una enfermedad, puede ser de gran ayuda explicarle que solamente una enfermedad muy grave puede causar la muerte y que, aún cuando todos nos enfermamos a veces, generalmente después nos ponemos bien de nuevo.

Otra generalización que muchas veces hacemos sin pensar, es relacionar a la muerte con la vejez. Expresiones tales como “Solamente muere la gente vieja”, o “la tía Isolda murió porque era vieja”, pueden llevar a la desconfianza cuando un niño luego aprende que la gente joven también muere. Es mejor decir algo como “la tía Isolda vivió un largo tiempo antes de morir. Mucha gente vive mucho tiempo, pero algunos no lo hacen. Espero que tu y yo lo hagamos”.
Religión y muerte

La religión es para mucha gente la fuente principal de fortaleza y sostén cuando están tratando con la muerte. Pero si la religión no ha jugado un papel importante en la vida de la familia antes de la muerte, un niño puede sentirse confundido o asustado por la imprevista introducción de una explicación o referencia religiosa. Los niños tienden a escuchar las palabras literalmente, y una explicación religiosa que puede llegar a confortar a un adulto, en un niño puede producir inestabilidad. Por ejemplo, la explicación “El bebé está con Dios ahora”, o “Es la voluntad de Dios”, puede ser más atemorizante que tranquilizador para el niño, el cual ahora debe preocuparse de que Dios no se lo quiera llevar a él como se llevó al bebé.

Además, los dobles mensajes son trastornantes, profundizando la aprensión y el concepto equivocado que los niños tienen sobre la muerte. Una frase como “Jorge es feliz ahora que está en el cielo con los ángeles”, cuando se une a un dolor obvio e intenso, puede hacer que no sepa en quien confiar – que es lo que ven o que es lo que escuchan. Deben preguntarse porque todo el mundo está triste si Jorge es feliz. Necesitan saber algo sobre la tristeza que se siente por haber perdido a Jorge, además de nuestras expresiones de fe religiosa.

A pesar de lo fuerte o reconfortante que pueden ser las creencias religiosas, la muerte significa la pérdida de un ser viviente, la ausencia de una presencia física. Es un tiempo de tristeza y duelo. Es importante ayudar a los niños a aceptar las realidades de la muerte – el dolor y la pérdida. Pretender proteger a los niños les niega la oportunidad de compartir sus sentimientos y de recibir el apoyo necesario. Compartir las creencias religiosas también ayuda, si es hecho con sensibilidad, a saber si los niños presienten y entienden que está sucediendo y que se está diciendo. Es importante preguntarles para saber como están sintiendo y viendo los sucesos que están ocurriendo alrededor de ellos.

La oportunidad sin sentimentalismos

Usualmente es más fácil hablar de la muerte cuando no estamos personalmente involucrados. Aprovechar la oportunidad de hablar con los niños acerca de las flores muertas, árboles insectos o aves, puede ser de gran ayuda. Algunos niños pequeños muestran gran curiosidad por insectos y animales muertos. A veces quieren examinarlos de cerca o pueden pedir detalles acerca de lo que les sucedió físicamente. Aún cuando este interés pueda parecernos repulsivo o morboso, es una forma para aprender sobre la muerte. Los niños no se sienten culpables ni avergonzados por su curiosidad. Su interés puede darnos una oportunidad de explicar por primera vez que todas las cosas viviente en algún momento mueren y que de esta manera se hace lugar a nuevas formas vivientes para que tengan su lugar sobre la tierra.

Esta clase de respuesta puede satisfacerlos por el momento o puede inducirlos a hacer preguntas sobre nuestra propia inmortalidad. Son necesarias respuestas honestas, sin sentimentalismos y simples. Si estamos hablando con un niño muy pequeño debemos recordar que solo pueden absorber una limitada cantidad de información.

Pueden estar escuchando seriamente nuestras respuestas y de repente pueden alejarse alegremente saltando y diciendo, “Bueno, yo nunca me voy a morir”. “No deberíamos sentirnos obligados a contradecirlos o pensar que nuestros esfuerzos fueron en vano. Ya que cuando necesiten más respuestas va a ser más fácil para ellos acercarse a preguntar.

Otras oportunidades de hablar con los niños sobre la muerte surgen cuando muere algún personaje sobresaliente y su muerte, su funeral y la reacción del público reciben una gran cobertura por parte de los medios. Cuando una muerte es noticia, los niños están obligados a ver algo por televisión o escucharlo en la radio, en la escuela o en nuestras conversaciones. En cualquier caso, es difícil que pueda ser ignorado el tema, y en realidad, no debería ser así. Es un momento natural para brindarles la información que necesiten o para aclarar cualquier concepto erróneo que tengan sobre la muerte.

Si la muerte es violenta, como un asesinato, probablemente sea una buena idea decir algo para tranquilizar a los niños acerca de su propia seguridad. Los medios tienden a exagerar la violencia bajo circunstancias ordinarias, y la muerte violenta de una persona muy conocida o admirada, puede aumentar sus temores o confirmar la percepción distorsionada que ellos puede tener acerca de los peligros que los rodean. Pueden llegar a preocuparse porque la gente “mala” o que los “malos pensamientos” de la gente no puedan ser controlados. Necesitan escuchar que la mayor parte de la gente actúa responsablemente y que no andan por ahí matándose unos a otros, aún cuando todos nos sentimos malos o enojados a veces.

La muerte en la familia

Los estudios revelan que cuando un niño experimenta la muerte de un pariente cercano, como un hermano, hermana o padre, a menudo se sienten culpables: Mientras la mayoría de nosotros siente algo de culpa cuando perdemos a un ser querido, los niños en particular tienen dificultad para entender las relaciones causa-efecto. Sienten que de alguna manera ellos provocaron la muerte; probablemente sus pensamientos enojosos provocaron que la persona muriera. O pueden ver la muerte como un castigo. “Mamá murió y me dejó porque yo me porté mal”. Los niños deben ser ayudados a hacerle frente a la culpa asegurándoles que siempre han sido amados y que todavía lo son. También puede ayudarlos si se le explican las circunstancias de la muerte. La idea de que la muerte es una forma de castigo nunca debe ser reforzada.

La muerte de un pariente cercano también provoca sentimientos de enojo tanto en los adultos como en los niños. Nos sentimos enojados con la persona que murió por provocarnos tanto dolor y tristeza o por dejarnos solos para hacerle frente a la vida. Nos sentimos enojados con los doctores y enfermeras que no pudieron salvar al ser amado, y nos sentimos enojados con nosotros mismos por ser incapaces de evitar su muerte.

Los niños tienen mayor capacidad para mostrar abiertamente su enojo, especialmente cuando han perdido a alguien de quien dependían para ser amados y cuidados. Ya es lo suficientemente difícil sentirse enojado con la persona muerta y más aún cuando el enojo es expresado en lo aparenta ser una actitud egoísta. Pero el enojo es parte del sufrimiento, y podemos ayudar a los niños aceptando sus sentimientos y no reprendiéndolos si expresan enojo o temor. Los niños necesitan sentirse seguros de que alguien va a cuidar de ellos.
Algunos niños vuelcan su enojo hacia su interior y se vuelven depresivos, apartándose o desarrollando síntomas físicos. Si este comportamiento continúa por varios meses, probablemente sea necesario buscar ayuda profesional.

Después de la muerte de un niño

La muerte de un niño es particularmente trágica y puede producir trampas especiales para las familias. Como padres, debemos compartir nuestro dolor con nuestros hijos sobrevivientes, porque ellos también tienen un dolor que compartir, pero no debemos agobiarlos con falsas expectativas. Por ejemplo, hay una tendencia a idealizar a la persona muerta, y debemos tener cuidado de no hacer comparaciones que puedan conducir a sentimientos de indignación y a aumentar la culpa del niño sobreviviente.

También es natural entenderse con el dolor volviendo nuestra atención hacia las personas vivas. Es comprensible que la pérdida de un niño pueda llevarlo a preocuparse demasiado por el bienestar de los otros niños. En cualquier caso debemos resistir cualquier tendencia a sobreproteger a los niños o a suprimir sus esfuerzos de crecer independientemente, y debemos alentarlos a no identificarse o a tratar de reemplazar al niño perdido. Cada niño debe sentirse merecedor de sus propios derechos y debe sentirse libre de vivir su propia vida a su manera.

¿Deben los niños visitar a las personas moribundas?

La mayoría de los enfermos terminales están hospitalizados, y, como una regla, los hospitales no permiten la visita de los niños. Pero eso está comenzando a cambiar ya que el personal de los hospitales reconoce el valor que puede tener la visita de los niños. De un modo u otro, el que un niño en particular visite a alguien que se está muriendo, va a depender del niño, del paciente y de la situación. A un niño que es lo suficientemente grande para entender que está sucediendo debería permitírsele visitar a esa persona que tuvo un papel importante en su vida, dándoles tanto al niño como a la persona moribunda lo que ambos desean.

Bajo estas circunstancias, el contacto con la persona moribunda puede ser de gran ayuda para el niño. Puede disminuir el misterio de la muerte y ayudarlo a desarrollar formas más reales para hacerle frente. Puede abrir vías de comunicación, reduciendo la soledad que a menudo siente tanto el niño como la persona que está muriendo. La oportunidad de brindar un momento de felicidad a una persona moribunda puede ayudar al niño a sentirse útil y menos impotente.

Si un niño va a visitar a alguien que está muriendo, necesita estar preparado a conciencia para lo que va a ver y lo que va a escuchar. La condición y la apariencia del paciente debe ser descripta, y cualquier equipo que se encuentre en la habitación y que pueda ver debe ser explicado en detalle. También, sería adecuado recordarle que aún cuando va a ver a una persona que está muriendo, en el hospital también hay otros pacientes que se recuperan.

Si la visitas no son factibles, un llamado telefónico puede ser un sustituto útil. El sonido de la voz de un niño puede ser una buena medicina para un pariente hospitalizado, con tal de que el niño quiera llamar y el paciente esté lo suficientemente bien como para escucharlo.

Bajo ninguna circunstancia el niño debe ser obligado o sentirse culpable si elige no llamar o visitar a la persona hospitalizada o si sus contactos son dolorosos.

¿Deben ir los niños a los funerales?

Los funerales tienen una función valiosa. Toda sociedad tiene alguna clase de ceremonia para ayudar a los sobrevivientes a reconocer, a aceptar y a hacerle frente a la pérdida de un ser amado. Que un niño deba ser incluido o no en un funeral va a depender del niño y de la situación. Si el niño es no suficientemente grande para entender y quiere participar, incluirlo puede ayudarlo a aceptar la realidad de la muerte al mismo tiempo que la compañía de la familia y amigos como apoyo.

Si un niño va a asistir a un funeral, debe estar preparado para lo que va a ver y lo que va a escuchar antes, durante y después de los servicios fúnebres. Debe saber que en esa situación tan triste la gente va a expresar su aflicción de diferentes formas y que algunos de ellos estarán llorando. Si es posible, alguien que sea tranquilo y pueda darle verdadera importancia y respuestas a las preguntas que el niño pueda hacer, debería acompañarlo. Si prefiere no ir al funeral, no debe ser obligado ni se debe hacerlo sentir culpable.

Los niños también se lamentan

El duelo es el reconocimiento al sentimiento profundo de pérdida y un proceso por el cual todos debemos pasar antes de ser capaces de recoger nuestros pedazos para poder seguir viviendo normal y completamente de nuevo. Llorar cura. Si nos abrimos a nuestra tristeza y nuestras lágrimas les mostraremos a nuestros hijos que está bien sentirse triste y llorar. La expresión de dolor nunca debe ser equiparada con la debilidad. Debemos permitir tanto a nuestros hijos como a nuestras hijas derramar sus lágrimas y expresar sus sentimientos cuando necesiten hacerlo

Un niño puede mostrar inmediatamente que siente poco dolor, y ante esto podemos pensar que se encuentra poco afectado por la pérdida. Algunos expertos en salud mental creen que los niños no son lo suficientemente maduros como para sentir un dolor profundo ante la pérdida hasta que no son adolescentes. A causa de esto, ellos dicen, que los niños están capacitados para experimentar tristeza a intervalos durante un largo período de tiempo, y a menudo en momento inesperados. Otros miembros de la familia pueden pensar que es doloroso tener viejas heridas que son abiertas una y otra vez, pero los niños necesitan paciencia, comprensión y apoyo para completar su tiempo de dolor.

Alejando a los niños del hogar

La pérdida o la pérdida inminente de un familiar cercano someten a un gran esfuerzo a nuestras reservas emocionales y físicas al extremo, se hace difícil enfrentar las responsabilidades de cada día. Es aún más difícil hacernos cargo de nuestros niños, y algunas veces estamos tentados de enviarlos de visita a la casa de algún pariente o amigo hasta que podamos “encontrarnos con nosotros mismos”. Mantener a los chicos lejos de casa también puede ser una manera de evitar hablar sobre la muerte.

Antes de que los niños sean alejados del hogar deben ser tratados con mucha consideración porque este es el momento cuando necesitan el máximo apoyo de su ambiente familiar y un contacto más cercano con los miembros de su familia. Necesitan tiempo para adaptarse a la pérdida, y si es posible, deberían ser preparados con anticipación acerca de la muerte. Aún los niños más pequeños que no entienden todas las implicaciones que tiene la muerte, se dan cuenta de que algo grave está sucediendo. El alejarlos de su hogar puede aumentar sus temores acerca de la separación de sus seres queridos. Tener cerca de alguien familiar y cuidadoso, antes y después de la muerte, puede reducir el temor al abandono o a cualquier otro tipo de estrés que puedan sufrir los niños.

Por otro lado no podemos mantener a nuestros hijos encerrados bajo llave como una manera de tratar con nuestras propias ansiedades y necesidades. Debemos permitir a nuestros hijos que jueguen con sus amigos o visiten a sus parientes, si ellos así lo desean.

En resumen…

Conversaciones acerca de la muerte, así como todas las conversaciones, son más fáciles cuando un niño siente que tiene nuestro permiso para hablar sobre eso y cree que estamos sinceramente interesados en sus opiniones y preguntas. Anímelo a comunicarse escuchándolo atentamente, respetando sus puntos de vista y contestando a sus preguntas honestamente.

… Cada niño es un individuo. Las charlas sobre la muerte van a depender de la edad del niño y de sus experiencias. Si es un niño pequeño, puede ver la muerte como algo temporal y puede estar más interesado en la separación de sus seres queridos que en la muerte en sí misma.

… No siempre es fácil “escuchar” lo que realmente está preguntando un niño. A veces puede ser necesario responder a una pregunta con otra pregunta a fin de entender totalmente que es lo que le está preocupando al niño.

… Un niño muy pequeño puede absorber solamente una pequeña cantidad de información. Las respuestas deben ser concretas, simples y deben ser repetidas cuando sea necesario.

… Un niño a menudo se siente culpable y enojado cuando pierde a algún familiar cercano. Necesita reasegurarse de que ha sido, y seguirá siendo, amada y cuidada.

… Un niño puede necesitar llorar una pérdida tan profunda una y otra vez hasta que llegue a la adolescencia. Necesita apoyo y comprensión mientras atraviesa por este momento difícil y también permiso para mostrar sus sentimientos de una forma libre y abierta.

… Tanto si un niño debe visitar a una persona moribunda como si debe asistir a un funeral dependen de su edad y de su habilidad para entender la situación, de su relación con la persona moribunda o fallecida, y lo más importante de todo, si el niño lo desea. Un niño nunca debe ser obligado ni se lo debe hacer sentir culpable si prefiere no verse involucrado en toda esta situación. Si se le permite visitar a un enfermo grave o asistir a un funeral, debe ser preparado con anticipación para todo lo que va a ver y lo que va a escuchar.