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Reflexiones

La muerte de un hijo

Un padre no debería tener que enterrar a un niño. La muerte de un niño parece como algo “fuera de lugar”, “fuera de orden” y equivocado. Cada fibra de nuestro ser llora diciendo “no es justo!”, y realmente no lo es. A medida que las ondas del golpe atraviesan su cuerpo, su mente y su espíritu, usted se da cuenta que este es uno de los momentos más difíciles y dolorosos en su vida.

No solo sentimos el dolor por la pérdida de nuestro hijo, sino también la pérdida de nuestros sueños y esperanzas para el futuro. Nuestros peores temores se han hecho realidad. Hemos fallado en el sagrado deber de proteger a nuestro hijo y parece como si la vida ya no mereciera ser vivida. Usted está viviendo una pesadilla por la cual nadie debería tener que pasar. el dolor es el precio que usted tiene que pagar por amar.

¿Qué me está pasando?

El dolor es una reacción natural y normal ante la pérdida. Es una respuesta física, emocional, espiritual y psicológica. Es un proceso complejo que afecta cada aspecto de su vida. Amor, ira, miedo, frustración, soledad y culpa son una parte del dolor.

Las reacciones físicas hacia el dolor pueden incluir cambios en el apetito, falta de sueño, irritabilidad, suspiros, llanto, molestias estomacales y “dolor en el corazón”. Puede experimentar dificultades sexuales y encontrarse alejado de su cónyuge. Usted se siente como si quisiera llorar todo el tiempo o también puede sentir que las lágrimas nunca van a salir de su interior. Estas emociones y sentimientos algunas veces vienen en “oleadas” que pueden ser paralizantes.

La ira y la culpa son emociones comunes. Usted puede sentirse enojado con Dios, con su cónyuge, con su hijo o con otras personas. También puede sentirse enojado con usted mismo. A menudo se agregan a nuestro enojo sentimientos de impotencia que pueden hacerle daño a las personas que más amamos. El dolor hace daño!

Los “si solo yo…” y los “yo debería…” pueden atacarlo en cualquier momento y enviarlo hacia la desesperación mientras se da cuenta que no hay nada que usted pueda hacer AHORA para cambiar lo que ha pasado. La culpa y la duda se vuelven sus compañeras constantes.

Puede pensar que “escucha” o “siente” la presencia de su hijo y comienza a preguntarse si no se estará volviendo loco. Sus brazos parecen sentir el vacío mientras que su corazón parece que va a estallar de dolor. Aún cuando estos sentimientos puedan ser tan intensos como atemorizantes, son parte normal y natural del dolor.

¿Cuánto puede durar el dolor?

El dolor puede durar tanto como uno espera. No hay tiempos determinados para el sufrimiento, aún cuando muchos piensen que debería “terminar” rápidamente. Cada uno sufrirá a su manera y a su debido tiempo. Por lo tanto no interprete las otras formas de sufrir de los demás como si significara que ellos aman menos a su hijo. No hay maneras correctas o incorrectas de sentir, cada uno sufre de forma diferente!

Usted no podrá olvidar la muerte de su hijo, pero aprenderá a vivir con ello. Siempre habrá momentos de dolor y de pena cuando recuerde el cumpleaños, el aniversario de la muerte y todo lo que había planeado compartir con su hijo. Esté preparado para esos momentos de sufrimiento y no se alarme si ellos continúan a lo largo de su vida. Los padres no dejan de amar a su hijo simplemente porque éste haya muerto.

¿Qué puedo hacer ahora?

Reconocer la pérdida y empezar a aceptar el dolor del sufrimiento. No evite o trate de minimizar sus sentimientos tomando drogas o alcohol. Las drogas pueden detener o dilatar el necesario proceso del dolor. Aprenda a trabajar sobre el sufrimiento y no a tratar de enmascararlo.

Comparta sus pensamientos y sentimientos charlando con otras personas. También puede encontrar ayuda escribiendo un diario. O puede buscar un grupo de apoyo. Pregúntele a su cura, al director del funeral o a su psicólogo por referencias. Por ejemplo, el grupo Renacer, es un grupo de apoyo para padres y hermanos afligidos que ofrece ayuda en estos difíciles momentos. Usted no tiene que pasar por esto solo!

Dígale a su familia y a sus amigos lo que necesita. Ellos quieren ayudar, pero no saben como hacerlo. Sea específico al requerir ayuda. Si necesita que le lleven la ropa a la lavandería, diga eso. Si necesita alguien que lo escuche, hágaselos saber. Dígales que está bien que hablen de su hijo, que digan su nombre y que compartan sus recuerdos con usted.

Cuídese físicamente. El sufrimiento produce un estrés terrible en su cuerpo y por lo tanto necesitará ejercicios y una dieta saludable para combatir sus efectos.

Tómese su tiempo para hacer lo que tenga que hacer con las pertenencias de su hijo. No le permita a los demás que lo apuren o que se hagan cargo ellos. Usted puede hacer lo que quiera, un poco a la vez. No hay ningún apuro. Puede pensar en dejar a los miembros de su familia que elijan algo especial que perteneciera a su hijo para que ellos lo recuerden.

Cree rituales que lo ayuden a recordar a su hijo. Hable con otros miembros de la familia para que juntos encuentren otras formas de conmemorar la vida de su hijo. Estableciendo una beca, donando juguetes o libros, construyendo un campo de juego o plantando un árbol son todas las formas en que Usted puede compartir la vida de su hijo con los demás.

¿Qué pasa con los otros hijos?

Generalmente los niños son los “dolientes olvidados” en la familia. Ellos también están experimentando muchas de las cosas que le suceden a usted, por la tanto comparta sus pensamientos y sus lágrimas con ellos. Llorar juntos puede ser una experiencia curativa. Usted no puede proteger a los demás de la realidad del dolor, o sea que mantenga la comunicación abierta con los demás. Asegúrese de que los hijos sobrevivientes sepan que son amados y que son incluidos en las decisiones familiares y en sus rituales, para que no se sientan abandonados por usted y por el niño que murió. Hágales saber que nadie va a ser olvidado en su familia.

Tenga cuidado en no elevar al niño que murió a la categoría de “santo”. Los hermanos y las hermanas saben que su relación no fue perfecta y a menudo se sienten enojados cuando nadie recuerda su menos que perfectas cualidades. Hable abiertamente con cada uno, y use este tiempo de dolor para estrechar los lazos familiares. Las bases más profundas de su familia han sido sacudidas y se necesitan unos a otros para volver a reconstruir el santuario familiar.

Su hijo murió. El no desapareció de sus pensamientos o de su corazón. Usted podrá encontrar la esperanza y la curación en los meses y años por venir. Sea gentil y amable con Usted mismo y con los demás. Su círculo familiar fue roto por la muerte, pero puede ser enmendado por el amor que todavía comparte con cada uno de ellos. Trate de recordar la vida de su hijo, no solamente los detalles de su muerte.

Sea paciente. El sufrimiento dura un largo tiempo, pero el amor perdura para siempre.

El sufrimiento adolescente: cuando un amigo o alguien a quien amabas ha muerto

Estás herido. Estás sufriendo. Estás viviendo una pesadilla que nadie debería experimentar. Pero no estás solo, como tú, muchos otros adolescentes han transitado por este camino antes que tú. Ellos han aprendido, como tu estás aprendiendo, que el sufrimiento es el precio que pagamos por amar.

Se siente como si la Muerte hubiera hecho pedazos tu vida. Tus esperanzas y tus sueños para el futuro han sido puestos en una lista de espera como si el mundo se hubiera detenido y todo estuviera moviéndose de una manera más lenta. Pero lo peor de todo es que el mundo no se ha parado! Todavía hay cosas que deben ser hechas: tareas escolares, coros, trabajos. La gente todavía espera que hagas todas las cosas que hacías “antes”, pero tu no te sientes con ganas de estar haciendo algo. Probablemente tu solo quieras esconderte o quieras estar solo con tus pensamientos y tus sentimientos. También puedes hacerte preguntas que nadie puede responder. ¿Con quien puedes hablar y hacia donde puedes ir cuando estos sentimientos de dolor te superan?

¿Qué me está pasando?

Amor, ira, miedo, frustración, soledad y culpa son todas emociones que forman parte del sufrimiento. El dolor es una reacción natural y normal ante una pérdida. Es una respuesta física, emocional, espiritual y psicológica. Es un proceso muy complejo que afecta cada uno de los aspectos de tu vida.

Puedes sentir como si estuvieras durmiendo demasiado o comiendo mucho, pero tal vez eso sea lo único que quieras hacer. El dolor te trastorna y nadie puede entender realmente lo que significa para ti. El sufrimiento que se siente es diferente para cada persona. Puedes tener dolores de cabeza, problemas estomacales, dolores musculares y un gran peso en el corazón. Puedes sentir que tienes ganas de llorar todo el tiempo, o por el contrario sentir que las lágrimas se encuentran encerradas dentro tuyo.

Puedes encontrar que es muy difícil concentrarte o recordar cosas. Puedes sentirte adormecido, “helado por dentro” o muy cansado. Temporalmente la depresión o los sentimientos de soledad pueden vencerte. El dolor viene en oleadas y puede ser paralizante. El sufrimiento duele.

El enojo y la culpa son emociones comunes. Puedes sentir enojo hacia Dios, hacia otros miembros de la familia, hacia ti mismo, o hacia la persona que murió. Esto no tiene que tener sentido para que sea real. Los “Si solo yo” y los “Hubiera hecho” pueden causarte dolor y duda. Desearías poder volver el tiempo atrás y hacer las cosas de forma diferente. Lo que más duele es que no se puede volver sobre nuestros pasos y cambiar lo que ya ha sucedido.

El dolor puede aislarte porque nadie sabe que tiene que decir o como tiene que actuar. Probablemente tú tampoco sepas que hacer. Puedes decidir que es más fácil estar solo y que no quieres hacer nuevos amigos y que tampoco quieres que nadie se te acerque demasiado. Al mismo tiempo, cuando sientes que necesitas ayuda, te resulta difícil pedir por ella. A pesar de lo dolorosos y atemorizantes que puedan ser estos sentimientos, todos son una parte normal del sufrimiento.
¿Durante cuanto tiempo voy a sentirme así?

No hay ningún tiempo determinado para sufrir. Va a durar el tiempo que cada uno estime necesario. El sufrimiento es muy individual y cada persona tiene su propia forma y tiempo para sufrir. No hay maneras correctas o incorrectas de sentir el dolor. Es simplemente TU forma de hacerlo. No compares tu sufrimiento con el de ninguna otra persona y tampoco te juzgues a ti mismo por la forma en que te sientes.

Es importante que entiendas que no te vas a olvidar de la muerte de esa persona, sino que vas a aprender a vivir, superándolo. Pero igualmente siempre habrá momentos de dolor intenso cuando recuerdes algún cumpleaños, el aniversario de su muerte, o cualquier otro momento que hubieran compartido. Cuando celebres alguna ocasión especial en el futuro, tales como una fiesta, una graduación o incluso el conseguir un trabajo, seguramente vas a sentir como el dolor vuelve en oleadas. Pero no te alarmes por estos momentos ya que van a seguir apareciendo a lo largo de toda tu vida. Tú no dejas de amar a alguien porque ese alguien haya muerto.

¿Qué puedo hacer ahora?

Tienes que aceptar la pérdida y los cambios que han sucedido. No trates de enmascarar tus sentimientos con drogas o con alcohol. Cualquier cosa que te haga escapar de tus sentimientos solamente hará que todo el proceso sea más largo. No hay ninguna forma de rodear al dolor, sino por el contrario, tienes que atravesarlo.

Comparte tus pensamientos y sentimientos con tus amigos, o también puedes escribir un diario. Puede que tengas ganas de hablar de su muerte o tal vez no tengas ni ganas de pensar en eso. Cuéntale a la gente que es lo que necesitas.

Mucha gente se cuestiona sus creencias espirituales y puede que tú quieras encontrar a alguien que quiera escuchar de tus dudas, sentimientos y preguntas.

Es probable que experimentes cambios en la relación con tus amistades. Puede ser que la gente que no sepa que decirte trate de evitarte o también puede ser que te diga cosas hirientes. Y otros, que tal vez no eran muy cercanos a ti, de repente se convierten en un gran apoyo. Aún cuando cada uno de nosotros sufre a solas, no tienes porqué estar solo durante tu sufrimiento.

Trata de mantener las vías de comunicación abiertas dentro de tu familia. Muchas veces los adultos no saben que decir para ayudarte. Diles a los miembros de tu familia que es lo que necesitas, como asi también trata de entender cuales son sus necesidades. Superar el dolor es un gran trabajo y requiere de mucha paciencia y cooperación.

Cuídate físicamente. Come comidas saludables. Evita el exceso de cafeína y azúcar y los alimentos poco saludables. Recuerda que la comida no va a llenar el espacio vacío que hay en tu corazón. Trata de hacer ejercicios y mantener tus rutinas usuales tanto como puedas. Aún cuando todo ha cambiado, tú puedes controlar los cambios que tu hagas. No permitas que el dolor sea una excusa para un desempeño pobre de tus tareas o para que adquieras malos hábitos.

Ahora es el tiempo para establecer una forma diferente de relación con la persona que murió. Puedes hacer cosas que te hagan recordar su vida, no tan solo su muerte, como hacer un álbum de recortes, escribir tus memorias en un diario, o grabar historias en video. Lleva globos al cementerio o también puedes encargar un servicio recordatorio para los amigos y la familia. Escríbele una carta a la persona que murió, visita aquellos lugares favoritos que alguna vez compartieron, escucha la música que disfrutaron juntos o crea un fondo de caridad en su memoria.

Debes permitirte a ti mismo volver a sonreír y a redescubrir las alegrías de la vida. La persona que tu amabas te ha dejado muchos dones. Entrelaza esas cualidades en tu vida mientras comienzas a encontrar tu nueva identidad.

"Quien soy ahora" puede llegar a ser un desafío más que algo desesperante mientras aprendemos a vivir a través del dolor y la pena.

Alguien ha muerto, pero el amor que ustedes compartieron nunca será destruído. Aún cuando la muerte llegó, el amor nunca se irá.