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Reflexiones

Los adolescentes ya no son niños

Los adolescentes ya no son niños, pero tampoco son adultos crecidos. En consecuencia, a menudo hay confusión, miedo e incertidumbre. Cuando un adolescente experimenta la muerte de un ser querido, hay un sentido de pérdida abrumador. Podrán sentirse solos, abandonados, inseguros y temerosos.

Dado que los adolescentes físicamente parecen adultos, el apoyo que necesitan tan desesperadamente es a menudo negado debido a expectativas irreales. En tiempos de crisis, se supone que el adolescente actuará como una "persona mayor" y ofrecerá sostén a sus familiares más jóvenes.

Muchos adolescentes se sentirán responsables de cuidar de la familia, hermanos o el padre que queda, y no tendrán ni la oportunidad ni el permiso de propiamente llorar su pérdida. Frecuentemente, con el deseo de aparecer "normal, "el adolescente resistirá la intervención ajena.

Con demasiada frecuencia el adolescente en duelo es abandonado a arreglárselas a solas con su pena. Esto puede resultar en depresión crónica, dificultades con el sueño, desasosiego o baja auto-estima. Muchos adolescentes tendrán dificultades con sus tareas escolares y perderán el interés en las actividades escolares. Frecuentemente perderán el contacto con su familia y se alejarán de sus amistades. Algunos pueden hasta involucrarse en actividades extremadamente arriesgadas: experimentando con el alcohol, la droga y/o el sexo, y volviéndose agresivos y antagónicos.

A menudo, los adolescentes necesitan la confirmación de que estar triste está bien. En este período tan crítico, la necesidad de un sostén y un sistema de comunicación abierta es esencial. Necesitan ayuda para comprender sus emociones y encontrar algún sentido en sus experiencias.