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Los niños y la muerte

Tal vez una de las situaciones más difíciles a las cuales los padres deben enfrentarse es decirles a los niños que alguien a quien ellos aman ha muerto. Tenemos miedo de que los niños no entiendan la que significa la muerte o de que ellos se sientan abrumados emocionalmente. Lo más probable, es que no sabemos cuando decírselos o como hacerlo.

La verdad es que los niños pueden manejar bien el tema de la muerte, a menudo de mejor manera que los adultos que se encuentran alrededor de ellos. Igual que los adultos, los niños necesitan enfrentarse con la muerte y el dolor que la acompañan.

Contándoles a los niños acerca de la muerte

Cuando ocurre una muerte, alguien cercano a un niño ya sea un padre o un abuelo deberían explicarle tan pronto como les sea posible que alguien ha fallecido. Las noticias se conocen rápido, y los padres que demoran el momento de decírselo a los niños corren el riego de que lo escuchen de boca de sus amigos. Al tratar de evitar que los niños sufran , usted podría exponerlos a una conmoción más grande después.

Una vez que usted le haya contado al niño que alguien ha fallecido, necesita explicarle que sucederá después. Háblele acerca del velorio si es que va a haber uno, sobre de la ceremonia fúnebre y el entierro.

El niño probablemente tendrá muchas preguntas para hacer. Lo que un niño quiera saber dependerá de su edad y de si tuvo una experiencia previa con la muerte. Los niños en edad preescolar, generalmente no entienden que la muerte es algo definitivo; ellos podrían preguntar, “¿Cúando vuelve la abuela?”. Después de todo, los dibujos animados de la televisión mueren todas las semanas, para retornar nuevamente. Los niños, cuando juegan, dicen: “Bang, tu estás muerto”, sabiendo que la persona “muerta” se puede levantar y caminar en el momento que quiera.

Entre los cinco y los diez años, los niños comienzan a entender que la muerte es definitiva - pero ellos creen que solamente muere la gente anciana y las vícitmas de los accidentes. Si muere una persona relativamente joven, los niños de estas edades podrían exigir saber el porqué. Pasados los diez años, los niños comienzan a entender que la muerte es parte del orden natural de las cosas, y que la gente muere a cualquier edad y por una gran cantidad de razones.

También es importante responder a todas las preguntas de una manera simple y honesta. No diga, “El abuelo se fue a dormir para siempre.” Los niños pueden sentirse aterrorizados de ir a dormir y no despertar nunca más. No diga, “Dios quiere tanto a tu papá, que por eso lo llevó al Cielo.” El niño puede sentirse enojado con Dios o tenerle miedo. Si un niño pregunta, “¿Porqué el tío Pedro tuvo un ataque cardíaco?” y usted no lo sabe, dígale simplemente eso.

A los niños también debería asegurárseles que, aunque uno de sus padres haya muerto, el otro padre aún estará ahí; que el niño seguirá viviendo en la misma casa, dormirá en la misma cama e irá a la misma escuela.
De todas formas, los niños tienen algunas ideas inocentes sobre la muerte que usted debería encauzar sin esperar por sus preguntas. Los niños frecuentemente concluyen que de alguna manera ellos causaron la muerte. Pueden pensar, “Me porté mal, por eso mamá se fue”, o “Yo deseaba que mi hermana se muriera, y por eso se murió”. Dígale al niño que no es su culpa que alguien haya muerto. Si un ser querido-especialmente un hermano o una hermana-muere de alguna enfermedad, asegúrele al niño que él es saludable y que no morirá de la misma enfermedad.

Las reacciones de los niños ante la muerte

Los niños son personas, y en muchas formas ellos reaccionan ante la muerte igual que el resto de nosotros. Pueden sentirse conmocionados e incluso pueden negar que la muerte haya sucedido. Pueden sentirse enojados y culpar a los demás por la muerte, o enojarse con la persona que murió por haberlos dejado. Pueden sentirse culpables por no haber sido “buenos” con la persona que falleció, y pueden volverse depresivos.

Los niños también pueden reaccionar ante la muerte en una forma sorpresiva y errática. Pueden recibir la noticia de que un ser querido ha muerto con nada más que un encogimiento de hombros, y luego expresar su dolor en una forma sútil. Pueden sufrir un retroceso y comenzar a chuparse los pulgares, orinarse en la cama, o cualquier otra forma en que actúan los infantes. Pueden volverse hostiles con los compañeros de juegos, o pueden expresar su dolor y su enojo tratando a sus juguetes en una forma violenta. Pueden imaginar o pretender que se están muriendo. Pueden exhibir curiosidad hacia el coche fúnebre, el ataúd, el mausoleo y la tumba. Esta es solo una curiosidad normal. En resúmen, en los niños no hay una forma “normal” o correcta de sufrir.

Ayudando al niño a enfrentarse con la muerte

Al igual que los adultos, los niños necesitan afligirse, aceptar que ha ocurrido una muerte y seguir con sus vidas. Los niños van a estar atentos a sus actitudes, así que no tengan miedo de expresar su propio dolor. Lllore y deje al niño llorar con usted. No le diga “se valiente, no llores”. Esta es una situación triste, y el niño necesita expresar su tristeza.

Hable con el niño, y aliéntelo a hablar sobre el tema. Demuéstrele al niño que está bien hablar sobre la persona fallecida. Aún si el niño es muy pequeño para hablar acerca de la muerte, lo mismo puede compartir sus emociones. Abrazarlos y tocarlos consolará a los niños pequeños quienes pueden sentir la angustia que rodea a la familia, aún si no entienden que es lo que está pasando. Los niños que están rodeados de tristeza necesitan que les aseguren que son amados.

Es una buena idea llevar al niño al funeral, pero no lo obligue a ir. Un funeral sirve para un gran número de propósitos sicológicos tanto para los niños como para los adultos. Los niños igual que los adultos necesitan compartir su dolor. El funeral brinda un punto de referencia para el dolor, permitiendo a la gente reunirse y expresar sus sentimientos. Los funeral le dan significado a la experiencia de la muerte y puede ser una lección importante para los niños.

Los niños deberían recibir una cuidadosa explicación sobre el funeral antes de que hayan decido si van a asistir o no. Si la decisión es asistir, entonces el padre o la madre deberían brindarle una explicación más descriptiva de lo que va a suceder durante el funeral.

Si usted trata de proteger al niño manteniéndolo alejado del funeral, lo único que conseguirá es que el niño se sienta rechazado. Los niños necesitan entender en un determinado nivel emocional que ha ocurrido una muerte. El funeral es un paso importante para confirmar el suceso de la muerte, y la gente que no asiste al funeral de un ser querido más adelante sufre por no haber resuelto el tema de su duelo.

Recuerde, la relación del niño con la persona fallecida no ha finalizado - solamente ha cambiado. Después del funeral, mantenga fotografías y otros recuerdos de la persona fallecida cerca suyo para compartir charlas al respecto con el niño. Esto ayudará a formar un nuevo grupo de lazos emocionales con la persona que falleció.

Es muy difícil decidir cuando un niño necesita consejo profesional para tratar de resolver su duelo. El proceso de aflicción no es una serie de compartimientos separados; es más como el viaje por una montaña rusa emocional. Sentimientos de depresión o enojo o tristeza pueden volver meses después de la muerte.

De todas formas, si el niño parece seguir dominado por un enojo prolongado, negación, enfermedad, o indeferencia, es una buena idea buscar el consejo de un profesional. Pregúntele a su pediatra o a su sacerdote para que le sugieran un consejero de niños que haya tenido experiencia en la terapia para el dolor. El director del funeral también puede ayudar guiándolo hacia algún consejero calificado.