A lo largo de nuestra vida, los rituales están presentes en cada etapa. Desde antes de nacer hasta los grandes hitos de la adultez, los rituales nos ayudan a marcar inicios, finales y transformaciones. Celebramos cumpleaños, matrimonios, graduaciones o aniversarios, y en cada uno de ellos hay algo más que una acción: hay significado, pertenencia y emoción compartida. Los rituales en el duelo se vuelven un lenguaje universal para el amor.

Para nuestra psicóloga Josefina Zúñiga, cada ritual es único. No todos necesitamos lo mismo ni nos sirven las mismas formas de celebrar o despedir. Lo importante es que aquello que hacemos tenga sentido para nosotros, que nos permita detenernos, mirar el momento y reconocer que algo ha cambiado.

El poder de los rituales en el duelo

El duelo, aunque natural, puede ser una de las experiencias más dolorosas de la vida. Nuestro psicólogo Samuel Muñoz explica que la pérdida de un ser querido nos enfrenta a una nueva realidad emocional, y que, en medio del desconcierto, los rituales pueden transformarse en un sostén fundamental.

Más allá de las ceremonias formales, los rituales son gestos, acciones o símbolos que nos permiten conectar con la persona fallecida y con nosotros mismos. Son una forma de dar significado a la pérdida y de expresar lo que a veces las palabras no alcanzan a decir.

Samuel comenta que si bien la mayoría de las personas no requiere de un acompañamiento profesional específico para elaborar su duelo, todos podemos beneficiarnos de prácticas que nos ayuden a transitarlo de manera más consciente, y que los rituales son una de ellas.

Rituales como actos de autocuidado

Los rituales tienen un profundo valor simbólico, pero también un sentido práctico: nos ayudan a cuidar nuestra salud emocional.
Permiten:

  • Expresar emociones: ofrecer un espacio para procesar y liberar lo que sentimos.
  • Resignificar el vínculo: ayudarnos a entender que la relación con quien partió cambia, pero no desaparece.
  • Continuar el lazo: recordarnos que el amor y el vínculo siguen vivos, aunque de una forma distinta.

A través de ellos podemos transformar el dolor en una experiencia que nos conecte con el amor, la memoria y la esperanza.

Rituales personales y significativos

Josefina destaca que no existen rituales universales. Cada persona encuentra su propia forma de despedirse, de recordar y de mantener viva la conexión. Algunos prefieren asistir al cementerio, encender una vela o preparar una comida especial; otros crean un altar con objetos significativos, escriben cartas o registran pensamientos en un diario.

“Lo importante no es la forma, sino el sentido”, enfatiza. Un ritual cumple su propósito cuando nos permite sentir, conectar y reconocer que el amor sigue presente, aunque la persona ya no esté físicamente.

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Decir adiós no es olvidar

Los rituales de despedida, al igual que los de bienvenida, nos ayudan a marcar el paso de una etapa a otra. Son momentos que nos invitan a abrir el corazón, a recibir consuelo y a darle un nuevo lugar a quien amamos.

Decir adiós no significa olvidar, sino aceptar una nueva realidad: aquella en la que el vínculo permanece, aunque de manera diferente.
Los rituales, en este sentido, son puentes entre el recuerdo y la vida que continúa.

 “Los rituales no solo nos conectan con quien partió, también nos ayudan a cuidarnos a nosotros mismos.”

Psicólogo Samuel Muñoz

Información brindada por:

Samuel Muñoz, psicólogo colaborador.

Josefina Zúñiga, psicóloga colaboradora.